La Hermandad del Prendimiento vuelve a poner en la calle, cada Martes Santo, una de las estaciones de penitencia más reconocibles de la Semana Santa de Córdoba. No por el alarde ni por el exceso, sino por una forma de hacer cofradía marcada por el arraigo salesiano, la continuidad histórica y un recorrido que conecta San Lorenzo con la Catedral, y de ahí con la Córdoba más cotidiana del regreso nocturno.
Fundada en 1952 por antiguos alumnos salesianos, la corporación tiene su sede en el Santuario de María Auxiliadora, desde donde inicia su salida a las 16:45 horas. El entorno imprime carácter desde el primer momento: calles amplias, vecindario presente y una hermandad que se reconoce como parte activa del barrio, no como visitante ocasional.
El paso de misterio representa el momento evangélico del Prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos. La imagen actual del Señor, obra de Antonio Joaquín Dubé de Luque y bendecida en 1990, sustituyó a la primitiva talla fundacional, hoy conservada parcialmente por su delicado estado. La escena, de gran complejidad iconográfica, se completa con apóstoles, soldados y sayones, configurando uno de los conjuntos más voluminosos de la Semana Santa cordobesa.
Tras él, bajo palio, procesiona Nuestra Señora de la Piedad, imagen realizada en 1958 por Juan Martínez Cerrillo. Es una Dolorosa que ha mantenido siempre una fuerte vinculación con el estilo y la estética salesiana, tanto en su puesta en escena como en la composición del paso. La Virgen ha sido llevada a hombros por costaleros desde su primera salida en 1959, un dato que habla de la temprana implantación de este modo de cargar en la hermandad.
El recorrido conduce al cortejo hasta la Santa Iglesia Catedral, donde la cofradía realiza estación de penitencia antes de continuar hacia la Carrera Oficial (22:12–22:47). A partir de ese momento, la noche va ganando peso. El regreso discurre por calles del centro y vuelve a buscar San Lorenzo en las últimas horas del día, con una entrada prevista en torno a la 01:15.
El Prendimiento no es una hermandad de efectos rápidos. Su valor está en la constancia, en la fidelidad a un estilo y en una identidad construida durante décadas sin rupturas bruscas. Es una cofradía que se entiende mejor caminándola entera: desde la claridad de la tarde hasta el silencio más avanzado de la madrugada.
En una Semana Santa cada vez más observada desde fuera, el Prendimiento sigue hablando, sobre todo, a la ciudad que lo vio nacer.