La procesión de la Hermandad de la Vera Cruz de Córdoba es una de las más antiguas y cargadas de simbolismo de la Semana Santa cordobesa. Con orígenes documentados en 1497, la corporación hunde sus raíces en la espiritualidad franciscana y en la devoción a la Santa Cruz, configurando un cortejo marcado por la sobriedad, la penitencia y la tradición histórica.
La Archicofradía realiza su Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral en la tarde-noche del Jueves Santo, partiendo desde su sede canónica en la Iglesia de San José y Espíritu Santo, en el barrio del Campo de la Verdad. El cortejo procesional presenta una estética recogida, con nazarenos ataviados con túnica blanca, cubrerrostro burdeos y cíngulo rojo y blanco, evocando los colores históricos de la corporación.
Preside la procesión Nuestro Señor de los Reyes, imagen de profundo carácter cristológico que avanza en un ambiente de silencio y oración, seguido por María Santísima del Dulce Nombre en sus Dolores Gloriosos, dolorosa de gran dulzura expresiva que aporta equilibrio espiritual y estético al conjunto. El paso de palio de la Virgen, incorporado de forma plena a comienzos del siglo XXI, destaca por su riqueza artística y por la elegancia de su caminar.
La estación se desarrolla con un ritmo pausado, acentuando el carácter penitencial que históricamente distinguió a la Vera Cruz, recordando incluso antiguos rituales de disciplina pública que formaron parte de su identidad. Tras completar su paso por la Catedral, la hermandad regresa a su barrio ya entrada la madrugada, cerrando una de las procesiones más solemnes y cargadas de memoria histórica de la Semana Santa de Córdoba.