¡Sumérgete en la sobriedad ancestral de la Semana Santa cordobesa con la Procesión de la Vera Cruz, un testimonio vivo de fe desde 1497! Esta archicofradía, que hunde sus raíces en la espiritualidad franciscana, parte de la Iglesia de San José y Espíritu Santo para ofrecer un cortejo donde la penitencia y la historia se funden en el barrio del Campo de la Verdad. Con sus nazarenos de túnica blanca y cubrerrostro burdeos, la hermandad despliega una narrativa de humildad y devoción por las orillas del Guadalquivir.
El cortejo se articula en torno a dos pilares devocionales: Nuestro Señor de los Reyes, que encarna la majestad del sufrimiento, y María Santísima del Dulce Nombre en sus Dolores Gloriosos, una dolorosa que irradia una elegancia serena bajo su palio. Vivir la Vera Cruz es realizar un viaje al pasado, rescatando la esencia de la disciplina pública y el silencio orante que culmina en la Mezquita-Catedral.
Aquí tienes los momentos estelares para seguir su huella esta tarde-noche (duración aprox. 7 horas):
18:00 – Salida (San José y Espíritu Santo): El inicio de la estación de penitencia en el Campo de la Verdad, con el barrio volcado ante la cruz de guía.
18:40 – Puente Romano: Estampa icónica. El paso de la cofradía sobre las piedras milenarias con la ciudad al fondo es, sencillamente, inolvidable.
19:22 – Entrada C.O. (Carrera Oficial): Comienzo del tramo catedralicio, donde el rigor de la hermandad resalta en el entorno monumental.
20:02 – Puerta de las Cofradías: El instante culminante de la estación de penitencia frente a la Catedral, un diálogo de siglos entre la fe y el arte.
21:00 – Cardenal González: El regreso tras la solemnidad oficial; un tramo estrecho donde la cercanía con las imágenes invita al recogimiento.
21:40 – Plaza del Potro: Marco incomparable de la Córdoba literaria y clásica para ver pasar el palio del Dulce Nombre.
23:00 – Puente Romano (Vuelta): Ya en plena noche, el cruce del río marca el camino a casa, con los pasos recortados contra la penumbra del Guadalquivir.
23:50 – Entrada (Cruz de Guía): El emotivo regreso al templo, cerrando un círculo de oración que une las dos orillas de la fe cordobesa.