Jueves Santo · Barrio de San Francisco
La Caridad
Desde 1952, la presencia legionaria ha marcado el carácter de la procesión, hasta el punto de que, en su ausencia, la hermandad ha optado por salir en riguroso silencio
En la noche del Jueves Santo, Córdoba contiene el aliento cuando asoma desde el Compás de San Francisco el paso grave del Real Hermandad y Cofradía del Señor de la Caridad. No es solo una procesión: es la memoria viva de una ciudad que aprendió a unir caridad y penitencia mucho antes de que la Semana Santa tuviera forma tal y como hoy la conocemos.
Fundada en el siglo XV, la Hermandad de la Caridad nació para asistir a los desvalidos y acompañar a los moribundos. Su primera vocación no fue procesionar, sino cuidar. Desde el Monasterio de San Pedro el Real y, más tarde, desde el Hospital de la Santa Caridad en la Plaza del Potro, la cofradía se convirtió en una institución clave de la Córdoba bajomedieval. Reyes, nobles y figuras como Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, figuraron entre sus hermanos, dando a la corporación un peso social y espiritual extraordinario.
El paso del tiempo, los cambios políticos y la caída del Antiguo Régimen llevaron a la hermandad a un largo declive que culminó con su extinción en el siglo XIX. Pero la Caridad, fiel a su nombre, supo volver. En 1939 se reorganiza y en la Semana Santa de 1940 regresa a las calles, recuperando su sitio en el Jueves Santo cordobés.
El protagonista absoluto es el Señor de la Caridad, una sobrecogedora imagen anónima del siglo XVI, de estilo manierista, que representa a Cristo muerto en la cruz. No hay dramatismo exagerado: hay verdad, peso, abandono. A sus pies, la Dolorosa atribuida a José de Mora, arrodillada, completa una escena de recogimiento profundo, casi íntimo, que transforma el paso en una catequesis silenciosa.
Uno de los rasgos más singulares de esta cofradía es su estrecho vínculo con el Tercio Gran Capitán 1º de la Legión. Desde 1952, la presencia legionaria ha marcado el carácter de la procesión, hasta el punto de que, en su ausencia, la hermandad ha optado por salir en riguroso silencio. El acompañamiento del Tercio no es solo marcial o estético: es simbólico. Representa lealtad, sacrificio y fraternidad, valores que la Caridad reconoce como propios. Su esperado regreso junto al Señor refuerza una tradición que ha sabido resistir interrupciones, lluvias, pandemias y obligaciones militares.
El cortejo, con túnicas negras, cubrerrostros rojos y cíngulo bicolor, avanza por la Ribera, la Plaza del Potro y el corazón de la ciudad hasta la Carrera Oficial, envolviendo el centro histórico en una atmósfera sobria y solemne. La entrada en la madrugada devuelve al barrio de San Francisco una imagen que no necesita ruido para imponerse.
La procesión de la Caridad no busca espectacularidad. Busca coherencia con su origen. Cada Jueves Santo, Córdoba no ve pasar solo un Cristo crucificado: ve desfilar siglos de asistencia, fe callada y compromiso con los que nada tienen. Y entiende, una vez más, que la caridad también puede hacerse penitencia.
Pasos y titulares
- Señora de la Caridad
- Nuestra Señora Dolorosa