La Hermandad de las Angustias encarna como pocas la dimensión histórica y devocional de la Semana Santa de Córdoba. Su procesión del Viernes Santo no es solo un recorrido penitencial, sino la continuidad de una tradición que se remonta al siglo XVI y que ha marcado durante siglos la religiosidad popular de la ciudad.
La cofradía realiza su salida desde la Iglesia de San Agustín, en un entorno cargado de memoria, donde la imagen de Nuestra Señora de las Angustias Coronada mantiene un vínculo profundo con generaciones de cordobeses. Desde allí, el cortejo avanza hacia el centro histórico, adoptando desde los primeros tramos un tono sobrio y grave, acorde con el carácter de la advocación.
El paso por calles del casco histórico refuerza el sentido tradicional de la procesión, que se mueve entre el silencio respetuoso del público y la fuerza expresiva del conjunto escultórico. La llegada a la Mezquita-Catedral de Córdoba sitúa a la Hermandad en el eje central del Viernes Santo, proyectando una imagen de continuidad histórica y solemnidad institucional dentro de la jornada.
El regreso se desarrolla de forma pausada, con un discurrir recogido que devuelve a la Virgen a su templo entre escenas de especial intensidad emocional. Es en este tramo final donde la procesión recupera su dimensión más íntima, lejos del ceremonial, y donde se percibe con mayor claridad el peso de la devoción acumulada durante siglos.
Las Angustias no procesionan para ocupar espacio, sino para recordar de dónde viene la Semana Santa de Córdoba. Su presencia en la calle es la de una hermandad que no necesita artificios: le basta su historia, su imagen y el respeto que sigue despertando en la ciudad.