La Ilustre, Piadosa y Trinitaria Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado y María Santísima de la Amargura realiza su Estación de Penitencia el Domingo de Ramos.
La hermandad tiene su sede canónica en la Iglesia de los Padres de Gracia, nombre popular de la Parroquia de Nuestra Señora de Gracia y San Eulogio, templo trinitario profundamente vinculado a la devoción del Rescatado. Desde este enclave, la cofradía inicia un recorrido que combina barrios populares, ejes históricos y la solemnidad de la Carrera Oficial.
Los Sagrados Titulares
El cortejo está presidido por Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, conocido como el Señor de Córdoba. Se trata de una talla realizada en 1713 por el imaginero granadino Fernando Díaz de Pacheco, una de las imágenes cristíferas con mayor arraigo devocional de la ciudad.
Le acompaña María Santísima de la Amargura, dolorosa tallada en 1942 por José Callejón Gutiérrez y Rafael Díaz Peno, restaurada posteriormente por Juan Martínez Cerrillo (1965) y por Bernal y Romero Zafra (1999). Procesiona de forma estable desde 1945 y es una de las imágenes marianas más reconocibles del Domingo de Ramos.
Horarios y desarrollo de la jornada
La hermandad sale a las 16:10 horas desde su templo, permaneciendo en la Iglesia de los Padres de Gracia hasta ese momento. Durante la tarde avanza por el casco histórico hasta realizar su entrada en la Carrera Oficial, alcanzando la Mezquita-Catedral de Córdoba en torno a las 19:25 horas.
Tras la salida de la Carrera Oficial, el regreso se produce por calles de fuerte simbolismo cofrade y vecinal, como San Fernando, Plaza de San Andrés o Frailes, culminando con la entrada en su sede a las 23:15 horas. A partir de ese momento, la hermandad ya se encuentra recogida.
Un Domingo de Ramos con identidad propia
El Rescatado no es solo una cofradía que abre la Semana Santa: es una hermandad marcada por la promesa, la penitencia y la devoción silenciosa. Su larga nómina de nazarenos y penitentes, muchos de ellos acompañando al Señor por motivos personales y familiares, explica singularidades como el orden de los pasos y el ritmo pausado del cortejo.
Cada Domingo de Ramos, el Barrio de San Lorenzo vuelve a convertirse en punto de partida de una de las devociones más profundas y constantes de Córdoba, donde tradición, fe y ciudad viva se encuentran sin necesidad de artificios.