Vivir el Corpus Christi en Córdoba es sumergirse en una tradición que se remonta siglos atrás, cuando la ciudad recibió el privilegio papal de realizar su procesión en la tarde del domingo. El evento no es solo un acto litúrgico; es una experiencia sensorial. Las calles del entorno de la Catedral se alfombran con romero y plantas aromáticas, mientras que el aroma a incienso envuelve los muros de piedra de la Judería.
El epicentro es la imponente Custodia procesional, una joya de la orfebrería que recorre las calles bajo el respeto de miles de cordobeses. Durante el trayecto, las hermandades de la ciudad compiten en belleza instalando altares efímeros que son verdaderas obras de arte sacro. Es el momento perfecto para entender la idiosincrasia de una ciudad que cuida sus raíces con un mimo exquisito, combinando el silencio del rezo con la elegancia de sus túnicas y mantillas.
El Corpus Christi en Córdoba destaca por su orden y su estética impecable.
La jornada comienza con la Solemne Eucaristía en el Altar Mayor de la Mezquita-Catedral de Córdoba, presidida por el Obispo. Tras la misa, el cortejo sale por la Puerta del Perdón, iniciando un itinerario que busca la sombra de las calles estrechas para protegerse del sol de junio con la representación de todas las Hermandades de Penitencia y de Gloria de la ciudad que procesionan por orden de antigüedad.
Los altares eucarísticos
Es fundamental prestar atención a los altares eucarísticos montados por las cofradías. Estos se ubican en puntos estratégicos como la calle Cardenal González o la Plaza de las Tendillas. La música también juega un papel crucial, con la presencia de bandas de cornetas y tambores que interpretan marchas procesionales de corte clásico, elevando la emotividad del desfile.
Si buscas la esencia de la Córdoba eterna, este es el evento que mejor la define.