Anécdotas curiosas del Festival de la Guitarra de Córdoba en sus 45 años de historia

Durante 45 años de Festival han ocurrido situaciones divertidas y difeerntes.  

El Festival de la Guitarra de Córdoba ha acumulado anécdotas memorables a lo largo de más de cuatro décadas de historia. Desde improvisaciones espontáneas hasta decisiones que salvaron edificios históricos, el festival refleja una evolución constante: de un encuentro flamenco casi doméstico a un evento internacional capaz de asumir riesgos, crisis y saltos estéticos sin perder identidad. Parte de esta historia puede seguirse en la trayectoria oficial del Festival de la Guitarra de Córdoba.

Orígenes en la Plaza del Potro (1981)

El germen del festival nació en la Posada del Potro, en pleno corazón del casco histórico.

Allí, el guitarrista cordobés Paco Peña impulsó un encuentro flamenco donde alumnos procedentes de más de quince países compartían jornadas interminables de guitarra, cante y convivencia.

Las sesiones se prolongaban hasta el amanecer, con vino de una bodega cercana y un ambiente tan auténtico que incluso el recogedor de basura del barrio se detenía a cantar seguiriyas. La elección de este enclave, hoy protegido y reconocido, marcó el carácter humano y abierto del festival desde su origen.

El rescate del Gran Teatro (1986)

A mediados de los años ochenta, el festival protagonizó uno de sus episodios más decisivos: el rescate del Gran Teatro de Córdoba. Cerrado y con planes de demolición sobre la mesa, el edificio reabrió gracias a la apuesta del festival por convertirlo en su escenario principal. A pesar de una respuesta de público discreta y de una situación económica compleja, aquella edición permitió salvar uno de los espacios culturales más importantes de la ciudad.

Noche tórrida con B.B. King (1990)

El salto definitivo hacia una programación más diversa llegó en 1990, cuando B.B. King actuó en una sofocante noche de julio en el Teatro de la Axerquía. Acariciando su inseparable “Lucille”, el maestro del blues hipnotizó al público y abrió la puerta a nuevas sonoridades. Tras él llegarían bandas como Los Ronaldos o Mano Negra, consolidando la entrada del rock y el blues en un festival que hasta entonces había sido mayoritariamente flamenco.

Crisis y diversidad en los años 80

No todo fue crecimiento lineal. A finales de los años ochenta, el festival atravesó una etapa marcada por dificultades económicas, incluso con carteles de alto nivel y figuras internacionales. Lejos de encerrarse en un solo estilo, la organización apostó por ampliar horizontes incorporando jazz, folclore sudamericano y propuestas europeas, una vocación universal que ya se intuía desde las primeras ediciones gratuitas. Esta diversidad acabaría convirtiéndose en una de las señas de identidad más reconocibles del festival.

Hoy, el Festival de la Guitarra de Córdoba continúa siendo un referente cultural y musical, con su 45ª edición prevista para 2026, consolidado como uno de los grandes eventos culturales del verano andaluz y europeo.