La Hermandad de la Sangre realiza su Estación de Penitencia en la tarde-noche del Martes Santo, con un recorrido que une el entorno de Capuchinos con el corazón histórico de Córdoba. Es una procesión larga, medida en los tiempos y muy reconocible por el fuerte contenido narrativo de su paso de misterio y la sobriedad elegante del palio.
Salida y primeros tramos
La cofradía pone la cruz de guía en la calle a primera hora de la tarde desde Capuchinos, avanzando por calles amplias del centro norte. Son tramos donde el cortejo camina con soltura, permitiendo ver con claridad la composición completa del misterio de Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio del Pueblo, uno de los conjuntos más escénicos de la Semana Santa cordobesa.
En esta primera parte, la procesión mantiene un ritmo constante, con especial protagonismo del paso de misterio y su acompañamiento musical.
Camino hacia la Carrera Oficial
Al acercarse al casco histórico, el recorrido se vuelve más recogido. Calles como San Fernando o el entorno de la Ribera marcan la transición hacia el tramo oficial. El cortejo se compacta y gana solemnidad, preparándose para uno de los momentos centrales de la estación.
Paso por la Santa Iglesia Catedral
La entrada en la Carrera Oficial y el posterior paso por la Santa Iglesia Catedral suponen el eje simbólico de la procesión. En el interior del templo, la hermandad realiza su estación con recogimiento y silencio contenido, reforzando el sentido penitencial de la jornada.
El discurrir del palio de Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Dolorosos y San Juan Evangelista por el entorno catedralicio es uno de los momentos más esperados, por la armonía del conjunto y la cuidada estética del paso.
Regreso y entrada
Tras abandonar la Carrera Oficial, la cofradía emprende el camino de vuelta ya entrada la noche. El cansancio se nota en el cortejo, pero el ambiente se vuelve más íntimo. Las últimas calles, especialmente en el entorno de Capuchinos, ofrecen estampas muy reconocibles para los hermanos y vecinos.
La entrada se produce avanzada la noche, cerrando una estación larga —más de cinco horas— que combina solemnidad, relato evangélico y una presencia muy definida dentro del Martes Santo cordobés.