La Real, Venerable e Ilustre Hermandad Servita de Nuestra Señora de los Dolores Coronada y Santísimo Cristo de la Clemencia es una de las corporaciones más antiguas, influyentes y reconocibles de la Semana Santa de Córdoba. Su origen se sitúa a comienzos del siglo XVIII, cuando se constituye como Congregación de la Tercera Orden Servita, introduciendo y consolidando en la ciudad la devoción a los Siete Dolores de la Virgen.
En 1719 se bendice la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, obra de Juan Prieto, tras un primer intento fallido. Desde ese momento, la devoción se extiende con rapidez y la hermandad establece cultos que han perdurado hasta hoy, como el Viernes de Dolores, el rezo de la Corona Dolorosa y las procesiones penitenciales de Cuaresma y Semana Santa.
Durante el siglo XVIII y buena parte del XIX, la hermandad alterna etapas de gran presencia pública con periodos de suspensión, condicionados por prohibiciones episcopales y cambios políticos. A partir del reinado de Isabel II, la cofradía vive un notable impulso, incorporándose de forma estable al desfile oficial del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo.
El último cuarto del siglo XIX consolida su papel simbólico: la Virgen de los Dolores pasa a cerrar el cortejo fúnebre del Santo Entierro y recibe importantes donaciones, entre ellas el histórico manto regalado por el obispo Alburquerque. Pese a una breve crisis a finales de siglo, la hermandad entra en una nueva etapa de esplendor a partir de 1910, coincidiendo con la elección del Conde de Hornachuelos como hermano mayor y el apoyo explícito de la Casa Real.
La llegada de la Segunda República obliga a suspender las salidas procesionales, salvo en 1935. A partir de 1937, la hermandad inicia una etapa de crecimiento sostenido que se prolonga hasta la actualidad, con un fuerte arraigo popular y una presencia central en la Semana Santa cordobesa.
El hito más importante de esta etapa llega el 9 de mayo de 1965, cuando Nuestra Señora de los Dolores es coronada canónicamente en la Santa Iglesia Catedral por el cardenal Bueno Monreal, convirtiéndose en la primera dolorosa coronada de Córdoba capital. El acontecimiento congregó a miles de fieles y marcó definitivamente la proyección pública de la hermandad.
Desde finales del siglo XX, la cofradía incorpora el uso de costaleros, mantiene un cuidado patrimonio textil y procesional y continúa siendo una referencia devocional y cultural de la ciudad, con salida desde el Hospital de San Jacinto y paso emblemático por la Plaza de Capuchinos.